• Brigitte Juliette Parada Rincón

Diálogos No-Especistas

En el siguiente artículo, Brigitte Juliette Parada, hace un acercamiento al término especismo para generar una propuesta sobre una cultura no-especista, a partir de la identificación de tres principios éticos básicos que nos ayudan a comprender y a superar la discriminación que hacemos a los animales bajo el argumento de la superioridad como especie humana. Toda discriminación deja ver un prejuicio que debe ser transformado y apoyado con acciones que reivindiquen los derechos de aquellos a quienes discriminamos sin importar especie.


Xavier Bayle / Vegangrafik
por Brigitte Juliette Parada Rincón | 20 julio 2021


Especismo y no-especismo


La reflexión y las prácticas para erradicar la explotación animal, cada día adquieren más protagonismo en nuestras cotidianidades, legislaciones y sociedades. El gran movimiento por los derechos animales, el cual, agrupa diferentes corrientes animalistas, ha suscitado alternativas que si bien aún no logran la abolición de la esclavitud animal, sí han despertado por lo menos, la cuestión sobre la importancia de un trato ético hacia los animales, situación que ha traído consigo la disminución de tratos abusivos hacia estos. De toda la divergencia y convergencia que pueda existir en este movimiento por los derechos animales, cabe decir, que no todas las posiciones conservan una ideología no-especista, por lo que es preciso dialogar un poco sobre el concepto, su importancia y su relación con la lucha por los derechos animales, para seguir obteniendo logros que reivindican la alteridad de estos individuos invisibilizados.


Desde el año 1970, resuena la palabra especismo en los contextos que abogan por el reconocimiento de derechos a los animales. Este concepto, se suma a la larga lista de formas de discriminación que representan algún tipo de conflicto y que en el algunos casos, puede devenir en violencia y explotación. Richard Ryder, expresó que el especismo es la discriminación o explotación de “ciertas” especies animales, a causa del grupo de mujeres y hombres, quienes mantienen una presunción de superioridad por pertenecer a la “especie humana”. Este prejuicio, claramente nos conduce a pensar que los animales, por alguna razón, son “inferiores” solo por ser animales, cuestión que nos otorgaría una suerte de poder divino sobre sus vidas y decidir también sobre sus cuerpos y su desarrollo como individuos.


Así, vemos que el especismo nos revela una actitud irreverente sobre la vida de los demás animales, revela la incapacidad que tenemos para observar y admirar la diferencia y la semejanza, revela la estupidez que domina nuestros pensamientos y revela nuestra inconsciencia e ignorancia al mantener y perpetuar discursos de discriminación basados en meros prejuicios. En tiempos actuales, es urgente erradicar pensamientos como estos, que nos han llevado a actuar de formas abusivas con los animales y con la naturaleza.


Si en nuestra mente descansa la posibilidad de construir mundos mejores, más armónicos, más justos, más sostenibles, es necesario replantear nuestros modos de relacionarnos con los seres de las demás especies y por supuesto, con nuestro propio grupo.

Este planteamiento supone superar los prejuicios que dominan nuestras culturas y notar respetuosamente, las diferencias y semejanzas que podemos tener con los individuos animales, sin necesidad de asumir una falsa superioridad y una falsa inferioridad, conceptos que entran libremente en la categoría de dispositivos de poder y dominación.


Por ello, para erradicar la discriminación que conlleva la explotación y sobre explotación de vidas animales, es preciso educar sobre el no-especismo y notar cómo estos prejuicios de superioridad han causado daños y tergiversaciones sobre la vida e integridad de los individuos animales. Esta es la razón por la cual es importante la existencia de retroalimentaciones al interior de los movimientos, ya que pueden verse grupos animalistas especistas y sectarios, lo que impide el diálogo y la transformación de ideas concepto que sustentan la lucha por los derechos animales. Si consideramos importante la vida de los animales y abogamos por ellos, es urgente educarnos en el no-especismo.


El no-especismo implica actuar bajo principios éticos, los cuales retribuyen y otorgan a los animales su lugar como individuos con un fin en sí mismos. Hoy en día, podemos decir con total seguridad, que existen tres principios éticos básicos que contribuyen en una cultura no-especista, capaz de reconocer la individualidad y particularidad de cada animal sin importar su especie. Estos principios son: a) Igual consideración de intereses; b) Valor inherente; c) Reconocimiento como sujeto (de propiedad a persona).


a) Igual consideración de intereses.


Cuando queremos hablar de educación o modos de enseñar algo, en este caso, el no-especismo, es fundamental dialogar con los pensadores que han logrado poner en discusión el tema de los derechos animales. Y por ello, extendemos una invitación para dialogar sin prejuicios con algunos autores. Es preciso reconocer que el filósofo Peter Singer, presentó los cimientos de lo que se forjó como el gran movimiento de la liberación animal en los años 80´s. Sus tesis expuestas en 1975 en Liberación Animal, han dado un sustento teórico significativo para hablar del no-especismo en nuestros días y de la importancia de extender nuestros preceptos éticos hacia el grupo de los animales. No podemos pasar por alto, que además de Singer, el tema de los animales como reflexión ética y académica, se la debemos en gran parte a Henry Salt y a Jeremy Bentham. Hoy en día sabemos las críticas que se han hecho al utilitarismo, pero no por ello, deja de ser importante o necesario presentar y repensar nuevamente algunas posturas que están vigentes en el discurso y en la práctica del movimiento por los derechos animales.


Singer habla en este texto de la “tiranía de los humanos hacia los no-humanos”, tiranía que puede transformarse si se reconoce que el principio básico de tener la misma consideración hacia los intereses de todos, no se limita exclusivamente a la especie humana. Esta posición no significa que tengamos que denominarnos Animal Lovers o veganos, ya que esto va mucho más allá de un animalismo o de un veganismo. Esto quiere decir, que a través de nuestros actos y pensamientos, demostramos que los parámetros morales que se aplican a nuestro grupo, también son aplicables a los animales. Quien se opone a esta premisa, refleja su prejuicio de superioridad por hacer parte de la especie humana. La intención de Peter Singer, con la igual consideración de intereses, es develar los prejuicios latentes en nuestras actitudes y comportamientos respecto a la vida de los animales.


En primera instancia, es urgente un cambio cultural, el cual, vendrá acompañado, apoyado y reforzado con un componente jurídico y legal. Pero al inicio, basta con reconocer nuestros prejuicios, nuestros falsos juicios y pensamientos sobre la vida de los animales y su entorno, para llevar a cabo pequeñas acciones significativas que logran grandes cambios. Por esto, es importante extender el principio básico de igualdad, el cual, no significa que se tengan que tratar del mismo modo a los dos grupos, ni que se garanticen exactamente los mismos derechos de los humanos a los animales, porque se caería en antropomorfizaciones y desviaciones del asunto que nos compete, sino que este principio, exige una igual consideración de los intereses propios de cada individuo animal.


Lo anterior, equivale que la igualdad sea tomada como una idea moral y no como la afirmación de un hecho, cuando hablamos de la igual consideración de intereses no se está asumiendo que seamos iguales a los animales. La igualdad de la que se habla en «la igual consideración de los intereses» representa una norma relativa a cómo deben ser tratados estos. Hablamos aquí del trato, de la forma en la que tratamos a los animales sin importar las características individuales de cada sujeto o especie. Por esa razón, el argumento de la superioridad para justificar los malos tratos o los tratos inadecuados que tenemos hacia los animales, no es válido para explotarlos o abusarlos.


La posesión de una “inteligencia superior”, si así queremos reconocernos como seres especiales a diferencia de los animales, entonces, debería dar cuenta de dicha superioridad y evolución, lo que implicaría vivir y construir comunidades basadas en el altruismo y en el respeto hacia cualquier ser vivo.

Según Singer, la igual consideración de intereses, se justifica en la evidencia de algunos animales por “no querer sufrir''. El sufrimiento como centro de la igual consideración de intereses es un legado de Bentham, pero ya en nuestros días, vale la pena reformular si esta sería la única condición para considerar de igual manera sus intereses como individuos o como especie. Ya que limitarnos al sufrimiento para considerar sus intereses podría llevar a que se creen estrategias de explotación y abuso que “minimizan el sufrimiento” y hasta causan muerte sin que el animal sufra. Para Singer y Bentham, las capacidades de disfrutar y sufrir son las características esenciales que un ser debe tener para que haya una igual consideración de intereses. En conexión con estas capacidades, está la noción de sintiencia como criterio para determinar la igual consideración de intereses o el reconocimiento de algunos derechos.


La sintiencia o sensibilidad es el factor que implica considerar como incorrecto maltratar, dañar o causar sufrimiento a los animales. Si nos basamos en la sintiencia como requisito para el reconocimiento de derechos o para la igual consideración de intereses propios de la especie a la que pertenece el individuo animal, entonces debemos ampliar nuestra esfera ética e incluir a los animales y dejar de tratarlos como si fueran medios para cualquier trivialidad. Cualquier forma de explotación por más indolora que parezca, coarta la libertad de vivir una vida conforme a las características de su especie.


b) Valor inherente


Cuestionarse sobre los derechos animales legitima el reconocimiento de su dignidad. Cuando se habla de reconocer derechos a los animales, no se trata de hacer una equiparación de los mismos derechos que tenemos como personas pertenecientes a una Nación o a un Estado, pues los animales no pueden tener deberes civiles como lo determinan algunos derechos civiles. Tom Regan, afirmó que los derechos animales refieren derechos negativos, y son estos los que debemos tener en cuenta en una cultura no-especista. Los derechos negativos se relacionan con la igual consideración de intereses, pues indican el derecho que se tiene a no ser maltratado, a no ser explotado, a no ser abusado, a no ser privado de la libertad, a no desarrollarse biológicamente como individuo de una determinada especie. Estos derechos negativos de los animales exigen deberes por parte de nuestro grupo. Tenemos el deber de darles un buen trato, de cuidarlos, de respetarlos, de no dañarlos, de permitir que se desarrollen conforme a su especie, tenemos el deber de reconocer que poseen un valor inherente: que son sujetos de una vida.


Este segundo principio nos invita a reconocer un vínculo moral con los animales, el cual, aplicado a todas las acciones, permite juzgarlas bajo parámetros morales para clasificarlas como buenas o malas, como correctas o incorrectas. Este vínculo determina que las violaciones de los derechos morales y las acciones moralmente malas están relacionadas. Un enfoque moral como este puede establecer quién tiene o no derechos a partir de juicios reflejados en la lógica del vínculo moral. Lo que significa, que como es malo hacer daño a unos individuos para el beneficio de nuestro grupo, la lógica moral deduce que aquellos individuos entonces, tienen derechos. Un enfoque pensado por fuera de la moral, nos llevaría a dirigir la atención a premisas no morales y que sean verificables, constitutivas y propias de los sujetos civiles. Es decir, solo quienes sean agentes moralmente responsables pueden tener derechos y por tanto, los animales no pueden entrar en una consideración que no abarque ciertos parámetros éticos y morales.


Sin embargo, tanto el enfoque moral o no moral del asunto de los derechos animales puede considerar solo ciertos animales y dejar por fuera de su círculo moral a varias especies que también merecen atención. Por eso, más allá de querer incluirlos en la misma esfera moral y cultural bajo presupuestos que nos marcan diferencias y prejuicios, es importante reconocer que los animales son sujetos de una vida y que este valor inherente es suficiente para considerar ciertos derechos negativos que exigen deberes positivos de nuestra parte.


Si el tema de los derechos animales se agota en un reconocimiento equivalente a los derechos civiles, estamos cayendo en diálogos absurdos que devienen en callejones sin salida. En ningún momento se debe esperar un reconocimiento de derechos a los animales hasta verificar características psíquicas o sensitivas, o cualidades especiales como la autonomía y la razón. Suponer que primero debemos identificar si poseen o no razón, si pueden o no sufrir, es continuar con relaciones y pensamientos de discriminación que refuerzan el especismo. Por lo contrario, debemos reconocer sus propias características y cualidades, y respetar su proceso de vida sin intervenir, a no ser que sea estrictamente necesario y con el único fin de ayudar a ese individuo animal. Se trata de reconocer que no entendemos la vida de los animales y hasta que no comprendamos sus particularidades no podremos hablar de un reconocimiento legítimo de sus derechos.


Sencillamente los animales no pueden ser tratados como objetos, no es correcto perpetuar la institucionalización de su explotación y esclavitud a costa del interés capitalista de nuestros sistemas económicos, sociales y culturales.

Afirmar que los animales son sujetos de una vida, expresa la característica esencial que distingue a los animales dentro de su misma especie y de otras, cuestión que los hace merecedores de una igual consideración de intereses. Cada individuo es particular y único, por ello, ser sujeto de una vida es vivir la vida propia, realizar el verdadero ser, lograr la autorrealización como individuos de una determinada especie.

c) Reconocimiento como sujeto (de propiedad a persona)


La igual consideración de intereses no se podría llevar a cabo si no se reconoce el valor inherente en los animales. No sirve de nada pensar en que respetamos sus intereses si no vemos que son sujetos de una vida. Y para reconocer que son sujetos de una vida es indispensable reconocer y aceptar que los individuos animales no son propiedad nuestra ni de nadie. Sencillamente, la vida de los animales no nos puede pertenecer y no podemos decidir deliberadamente qué hacer con ellos y con sus cuerpos. Decidir lo más conveniente para nosotros a costa de su desarrollo como individuo de una determinada especie, es decir, limitar a cualquier sujeto de una vida con sus propios intereses a nuestros propios objetivos, es algo que no contribuye con una cultura no-especista.


Por eso, es incorrecto comprar animales para llevarlos a “refugios” que recaudan dineros a partir de la revictimización de los individuos que supuestamente rescató. Hoy en día, es necesario ver con detenimiento a todas estas organizaciones animalistas que bajo su intención y apariencia de liberacionista o vegana, perpetúan la cosificación de los animales y la negación de su animalidad. No podemos decidir deliberadamente sin tener algunos principios éticos básicos y también algunos conocimientos esenciales sobre algunas especies para poder hablar de un proceso auténtico de liberación animal. Decidir sobre los cuerpos de los otros es algo que también caracteriza al especismo, y animalistas como no animalistas, caen en esta acción que debe reflexionarse al interior de las prácticas del movimiento por los derechos animales.


En este sentido, cabría la necesidad de pensar la urgencia de un apoyo jurídico y legal que le de fuerza a los principios éticos que hemos planteado como relevantes en una educación no-especista. Este sustento lo brinda el profesor Gary Francione al trabajar decididamente en el reconocimiento legal de que los animales no son propiedad. Al hablar de este cambio de status, estamos haciendo referencia a la revigorización de la esencia del movimiento por los derechos animales, la cual, es lograr la abolición de la esclavitud a la que los hemos sometido, debido a un tipo de discriminación reforzado con un prejuicio de superioridad.


El no-especismo aboga por el reconocimiento de los derechos animales referidos en este artículo como derechos negativos, así mismo, supone que los animales son sujetos de una vida y que sus intereses merecen ser considerados de igual manera que se consideran nuestros intereses, -si es que en realidad los intereses y derechos de nuestra especie se respetaran-. Los animales no son objetos, su vida no nos pertenece y no podemos decidir deliberadamente qué hacer con sus cuerpos.

Para Francione los derechos son conceptos morales que surgen por una idea y actitud de respeto hacia el individuo, proporcionan ciertas barreras que protegen e intentan establecer estrategias para que sean efectivas. Es por esto, que cuando se habla de derechos animales, se hace referencia a garantizar la protección de los intereses más importantes y vitales para los animales, independiente del beneficio que representa para nuestro grupo. En consecuencia, se requiere que los animales sean reconocidos como personas, tema que ha sido muy bien investigado, desarrollado y profundizado por la abogada argentina Ana María Aboglio.


La cuestión de los derechos animales no se debe centrar en su capacidad de sufrir o sentir, sino en la exigencia de un trato justo hacia ellos. El respeto que se solicita hacia la vida de los animales se deriva de una noción práctica de justicia más allá de un sentimiento de compasión o dolor. Un trato justo se daría cuando se cambie el status de propiedad al status de persona, ya que los animales al considerarse propiedades se toman como objetos, como cosas que se pueden manipular, dañar o explotar. Si se adjudica su carácter de persona es posible que la noción de derechos no se vea tan limitada en su aplicabilidad respecto a los intereses de los animales, ya que derechos aquí, significa unas formas concretas de proteger intereses. Es por esto que los derechos corresponden a conceptos morales y a principios éticos que surgen del respeto por el individuo sin importar la especie.


Educación no-especista en el movimiento por los derechos animales


Hoy en día se hace necesario crear estrategias que nos enseñen a aprender actitudes no-especistas dentro de una cultura en la que predomina la discriminación y los prejuicios de superioridad e inferioridad, respecto a raza, especie y género. Si como movimiento, los derechos animales no consideran la importancia de por lo menos, los tres principios nombrados en este artículo, entonces este movimiento se encerrará en un discurso que no permite el diálogo ni la reconfiguración de sus conceptos conforme al contexto en el que se evocan. Por ello es que no podemos limitar los argumentos del especismo a una ideología vegana cuyo interés es veganizar bajo un mercado capitalista que en esencia es especista. Infortunadamente, la ética se ve muchas veces afectada por las dinámicas que implica un sistema como el capitalista. E intentar extender un mensaje sin un fondo realmente educativo o formativo, carece de sentido. El veganismo podría constituir tan solo un eslabón en la lucha por la abolición de la explotación animal institucionalizada, permitida y normalizada. Además, no necesariamente involucra sujetos que practican el no-especismo. Por otra parte, cabe tener presente que dentro del sistema capitalista, pensar en una moral hacia los animales sugiere crear estrategias de autoconsumo y sostenimiento. Si quisiéramos hacer una investigación del uso y del abuso de los animales para mantener el sistema vigente, nos llevamos la sorpresa que el daño que causamos a los animales es impresionante y que cada acción que ejecutamos en este capitalismo, está perjudicando enormemente muchas vidas animales.


No solo se trata de crear estrategias para suplir alimentos y buscar sabores idénticos al de los animales, ni crear nuevos materiales para no usar cueros o pieles. Se trata de ser realmente consecuente con los principios éticos del no-especismo y arriesgarse a intentar nuevas formas de vida que afecten de menor manera la vida de los animales y de su entorno. Por otra parte, es importante enseñar la importancia de una cultura del no-especismo, una cultura de la no discriminación por especie, una cultura que reconozca y acepte la diferencias y semejanzas con los animales, que se base en el respeto, el cuidado y la responsabilidad. Educar en el no-especismo es el fundamento de la liberación animal y la única posibilidad para construir comunidades capaces de relacionarse respetuosamente con los individuos animales. Si nos quedamos en el veganismo sin proponer con consciencia una educación no-especista, por lo menos con la nuevas generaciones y con aquellas que están dispuestas a transformar sus pensamientos, entonces no hemos entendido la necesidad de erradicar el prejuicio que hace latente la discriminación manifiesta en el especismo. Pues apostarle a la no discriminación de los animales por ser de una determinada especie, sugiere liberarnos de aquellos sistemas que hacen involucionar la vida, como el sistema capitalista y elitista, que rompe con los modos propios de relación, cooperación, interconexión e interdependencia de todos los seres vivientes del planeta.

 

Brigitte Juliette Parada Rincón

Profesional en Filosofía y Letras de la Universidad de La Salle, Magíster en Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás. Autora del libro Ética y Liberación “animal” 2019, ediciones USTA. Investigadora independiente sobre nuestras relaciones con los animales, sobre pedagogía y educación, conferencista y docente de ciencias sociales del Gimnasio Monseñor Manuel María Camargo, Fundación San Antonio, Bogotá.


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Publicado bajo licencia internacional de Creative Commons (CC BY-NC-ND 4.0)

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